Vienna Philharmonic falls flat in Madrid
MADRID, Jan 21 (Reuters) - The world-renowned Vienna
Philharmonic Orchestra was booed loudly by a Madrid audience for
playing Ravel's ``Bolero'' off-key.
``An historic moment,'' one concert-goer told the daily
newspaper El Pais after Tuesday night's symphony. ``A Madrid
audience rebelled against one of the great orchestras.''
The 156-year-old Vienna Philharmonic, revered for its
classical precision, was in the midst of its last musical piece
of the evening when things went awry.
First, an oboe played out of tune. Then a horn hit a wrong
note. That was followed by a slide trombone soloist playing
off-key. The audience responded with shouts of ``Get out! Get
out!,'' according to those in attendance.
``The booing started because the audience didn't like the
interpretation of 'Bolero','' a Madrid Auditorium spokesman
said.
Conductor Lorin Maazel appeared unfazed, and a few more
sympathetic concert-goers applauded politely. ``The success of
great musical legends also carries extraordinary risks (of
failure),'' El Pais music critic Enrique Franco said
The Vienna Philharmonic, founded in 1842 and famous for its
annual New Year's concert, was an all-male bastion until last
February when its musicians voted to begin accepting women.
The orchestra, a private association whose members play at
the publicly funded Vienna State Opera, had come under attack in
Austria and abroad for its male-only policy.
REUTERS
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January 22, 1998 MADRID, Spain (AP) -- A Madrid audience angered by a blundering performance of "Bolero" booed the world-famous Vienna Philharmonic Orchestra off the stage. Grumbling among the 2,000 people packing the National Auditorium began Tuesday night when the sounds of the oboe, a principal instrument of the piece by French composer Maurice Ravel, went astray. But when the horn and trombone followed suit, the audience shouted "off, off!" as director Lorin Maazel wrapped up the performance, the daily El Pais newspaper reported yesterday. Maazel appeared unmoved by the uproar. The paper said there was speculation that musicians unhappy with Maazel had intentionally performed badly.
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El Pais 21.01.98 El pœblico abuchea a la Filarm—nica de Viena en el 'Bolero' de Ravel ROCêO GARCêA, Madrid ÇUn d’a hist—rico. El pœblico de Madrid se rebela contra una de las grandes orquestasÈ. ƒsta no era s—lo la opini—n de un entendido musical ayer por la noche a las puertas del Auditorio de Madrid. La Orquesta Filarm—nica de Viena, una de las m‡s prestigiosas formaciones musicales, compuesta s—lo por hombres, y el director Lorin Maazel escucharon ayer una sonora pitada por parte de la mayor’a del pœblico asistente al concierto que se ofreci— dentro del ciclo Ibermœsica. La raz—n, bien sencilla e ins—lita en una formaci—n de la categor’a de la Filarm—nica de Viena: los desatinos musicales por parte de miembros de la orquesta durante la ejecuci—n del Bolero de Ravel. La bronca fue monumental y ni siquiera los aplausos exculpatorios de unos pocos aficionados consiguieron acallar los gritos de abucheo. Primero fue el oboe el que consigui— hacer chirriar los o’dos del pœblico, desafinando en los acordes donde Žl era el instrumento principal. Al oboe le sigui— poco despuŽs la trompa. No se acab— aqu’. TambiŽn la ejecuci—n en solitario del tromb—n de varas fue desacorde con las notas musicales de la obra de Ravel. Al director Lorin Maazel (Par’s, 1930) no le dejaron casi ni terminar de cerrar los brazos en el final de la obra de Ravel. Los abucheos fueron inmediatos. ÇFuera, fueraÈ, grit— la mayor’a del pœblico, mientras unos pocos intentaban aplacar con sus aplausos la ira del resto de los asistentes. Maazel no pareci— inmutarse demasiado e incluso, en medio de la bronca, hizo saludar de manera individual a algunos de los mœsicos de la formaci—n que tuvieron que escuchar abucheos cada vez m‡s fuertes. S—lo el saludo del percusionista de la caja (tambor), instrumento gu’a del Bolero, fue corroborado con un un‡nime aplauso. Comentarios Los alrededores del Auditorio de Madrid no se despejaron tan r‡pido como en otras tardes de concierto. El pœblico se qued— a comentar con sus conocidos lo ins—lito de lo que hab’an escuchado. ÇEs una vergŸenzaÈ, fue el comentario generalizado, Çes incomprensible que una orquesta de esta categor’a desafine como lo ha hechoÈ. ÇNo hay derechoÈ. La indignaci—n de los abonados de Ibermœsica era patente. ÇLos mœsicos han ido a cargarse a MaazelÈ, comentaba un aficionado, cuya opini—n era corroborada por otro: ÇA m’ no me gusta Maazel, pero he comprobado que a los mœsicos de la Filarm—nica de Viena tampocoÈ. Muy pocos hab’an vivido en Madrid una situaci—n parecida. ÇYa era hora de que se abronque a una orquesta cuando lo hace mal y no salgamos siempre de rositasÈ, dec’a un profesor con gran experiencia musical. El Bolero de Ravel fue la œltima obra del concierto que ofreci— anoche la Filarm—nica de Viena con Lorin Maazel al frente. En la primera parte interpretaron la obertura de El arpa m‡gica, de Schubert, y una obra del propio director. DespuŽs del intermedio y antes del pateado Bolero la orquesta ofreci— otra obra del mœsico francŽs: Rapsodia espa–ola para orquesta. Protestados ENRIQUE FRANCO La existencia de grandes mitos musicales conlleva, junto al Žxito, algœn peligro extremado. Por ejemplo, que por una tarde se derrumben, tal y como ha sucedido en Madrid a la legendaria Filarm—nica y al maestro Lorin Maazel, ruidosamente protestados al final del Bolero de Ravel hasta el punto de que no hubo ocasi—n de propina alguna. La cosa es tan inhabitual que forzosamente la cr’tica cede parte de su lugar a la cr—nica. El octavo programa de Ibermœsica encerraba en s’ mismo algo de la bomba que luego explot—. Primer error manifiesto: como en alguna otra ocasi—n, Maazel ocup— casi toda la primera parte de la sesi—n con una obra propia: Mœsica para flauta y orquesta. Lo peliagudo es conformar a una audiencia ilusionada para escuchar a los filarm—nicos vieneses cuando el Maazel compositor desplaza a Haydn, Mozart o Beethoven . Bien escrita, mas no demasiado imaginativa, la obra recibi— aplausos suficientes como para que el maestro bisase uno de sus nœmeros, el m‡s amable y halagador. Antes, la obertura de Rosamunda (El arpa m‡gica), de Schubert, fue expuesta con m‡s calidad y limpieza que dosis encantatoria. Aun dir’a que con expresi—n indiferente. Maurice Ravel llenaba la segunda parte con dos obras de aliento hisp‡nico: la Rapsodia espa–ola y el Bolero. Las cuatro piezas de la primera sonaron con gran claridad, refinada ejecuci—n, detallismo, matizaci—n calibrada y cierta cortedad de aliento poŽtico. Ante una versi—n as’, Manuel de Falla ver’a injustificada su calificaci—n de Çm‡gico prodigiosoÈ para Ravel, pues en Maazel prim— la l—gica anal’tica. Y lleg— el Bolero. Nada habr’a provocado la discutible versi—n si no hubiera sido por los reiterados fallos de algœn solista, tan llamativos como impropios de una Filarm—nica de Viena. Maazel, como otros grandes directores, apresura el tiempo que el Bolero reclama por la tradici—n del aire espa–ol y por el esp’ritu que le infundi— Ravel: dejadez meridional, calma de siesta soleada y discurrir perezoso. Es conocida la anŽcdota del mœsico francŽs con el director Koussevitzki cuando le escuch— el Bolero en Par’s. Al saludarle, el director demand—: ÇÀLe gusta mi Bolero?È. Ravel, con la impertinencia accidental de los t’midos, respondi—: ÇMucho. Yo tambiŽn he compuesto un bolero que se le parece bastanteÈ. El agudo maestro cerr— el breve di‡logo: ÇS’, pero el m’o logra mayor ŽxitoÈ. Pero insisto: la raz—n, quiz‡ elemental, de la protesta no fue otra si no la sucesi—n de fallos que provoc—, junto a los aplausos de una parte de la audiencia, el sonoro ulular de otra parte bastante nutrida y empecinada. Saludaron director y orquesta un par de veces y as’ acab— todo. Nada grave en el fondo, pero inhabitual en nuestro medio conformista. Los filarm—nicos seguir‡n donde est‡n y Maazel en su lugar, bien favorito de los mel—manos madrile–os desde que en 1956, al filo de sus 25 a–os, los visitara por vez primera.Top of Page